Un barril lleno, redondo, que sudaba gente por sus cuatro costados. Una previa a cargo de los fernandinos Arrajatablas, y el solista Gaband Marcab. Los tejos se hicieron cargo de todo está vez, desde el afiche hasta enchufar el último cable del parlante más pequeño. Desde la prensa, hasta 1000 pesos en billetes de 20 para que hubiera cambio suficiente en la puerta.
Una Fiat Fiorino trajo los equipos, suficientes para sonar fuerte y distorsionado, como a los tejos les gusta. Eugenio, su chofer fue el encargado de la puerta.
Los pibes enchufaron sus maquinas, sus batidoras, sus cacharros eléctricos, sus ruidofonos, y sus secuenciadores, todo a una zapatilla infectada de trifásicos. A las 3:30 el barril explotó, siempre soñaron con eso, que su música fuera como la Iskra de Vladimir, la chispa que enciende el fuego. Tocar en el Barril es como el fósforo encendido hundiéndose en un bidón de nafta. Y la gente salió disparada a las paredes, rebotó, cayó y volvió a dispararse. Del suelo lograron tocar el techo con las manos, algunos incluso con los pies. Los vinilos se derretían tras pasar por púas al rojo vivo, producto de horas de show.

Probablemente sea cierto que no a todos los presentes les gusto el show, pero al menos lo odiaron, y eso es bueno, un show así no puede pasar desapercibido, tiene que comprometer a quien lo recibe, quien lo goza, o quien lo sufre, no hay lugar para indecisos. Un fin de semana de Tejaton, no dejó muchas ganancias materiales, pero si fortaleció el alma y sudó los cuerpos. Materialismo en el buen sentido, cosas que cambian nuestro mundo, nuestro medio, y por supesto, nuestra subjetividad sucedieron está noche de sábado. Los pibes de latejapride* encendieron el combustible, y el verano recién comienza. Quien se atreve a detenerlos?